Erider Newbie
Cantidad de envíos : 5 Edad : 34 Localización : Ladron, nunca lo sabras :) Reputación : 0 Fecha de inscripción : 03/11/2008
| Tema: Saga de las Almas Desgarradas Parte 1: Miér Nov 19, 2008 9:17 am | |
| Saga de las Almas Desgarradas: Suceso N°1 de la Saga de las Almas Desgarradas: Sangrientas y depravadas fueron aquellas jornadas de un Marzo ya tan distante en la memoria de Drakko y Lummiel, que como hijos de los dioses habian presenciado la gran e interminable masacre que se sucedia en el mundo de los mortales. Uniformados con colores brillantes, pero apagados por la sangre derramada sobre sus ropas, los hombres se ensarzaron en un pandemonium de lanzas, espadas y flechas, del cual solo unos pocos sobrevivieron, y los permanecientes en vida se marcharon a un eterno olvido con un telon de impenetrable oscuridad de fondo. Lagrimas fueron derramadas por las mujeres que esperaban en una interminable vigilia a los soldados que eran esposos, hijos, tios, hermanos, primos, etc; todos ellos, desaparecidos en la tragedia que habia tocado los corazones de los mas duros, e incluso el decrepito Rey Zion derramo algunas lagrimas al recibir la lista de hombres caidos y extraviados en la guerra que el mismo habia desatado. Los campos y las planicies quedaron devastados y la vegetación fue consumida por las llamas de las almas que aun ardian, algunas agonizantes, otras en busca de salvacion, y pocas con un fulgor de pasada gloria que aun persitia en aquel vilo negro. Horas pasaron y las aves de garra y pico devastaron a los cuerpos depositados en aquel lugar maldito por las hambres de animales carroñeros y fantasmas de hombres que vagaban en busca del enemigo, ya distante en un descanso sin fin, en la eterna oscuridad. Los entierros ocuparon dia y noche de la siguiente semana, pues millares de individuos habian regalado su vida a una causa indebida, pero disfrazada por mentiras y promesas de victoria infundadas. El mismisimo Rey llego a esos parajes en su carrosa real, y tuvo que tapar su naris con un pañuelo de bordado grueso, pues el hedor esparcido por la muerte era tan grande que atontaba sus sentidos y le hacia sentir enfermo. Un capitan proveniente de la milicia real se le acerco y hablo a su oido durante un largo rato. El rostro del monarca tomo una expresión de poderoso jubilo al terminar la conversación. Agarro al soldado del antebrazo y le dijo algo en vos alta que solo el chofer del transporte supo, y en su muerte confeso a su nieto la terrible verdad, pero el secreto fue bien guardado por el muchacho que se horrorizo con la idea de que personas indeseables lo supieran. El soberano ordeno la partida de la carrosa y fue llevado nuevamente hasta sus aposentos, donde descanso a costa de todos los hombres que murieron por su pais, y por sus promesas falsas y huecas. Ya acostumbrado a aquel placer tras la guerra y la recompensa obtenida, Zion se acosto en su lecho y suspiro, con un aire triunfante por su juventud a pleno y su triunfo incesante. Susurros desconocidos le llegaron esa noche a los oidos, y se creyo encantado, por lo que salio al patio de su fortaleza y suspiro bajo una llovizna entre veraniega y otoñal. Una sombra blanca se movio frente a el, y creyo que habia sido un mero reflejo de la luna con el agua descendiente, pues el astro se encontraba desmesuradamente ampliado por la humedad, y su imagen se veia enorme desde alli. Lentamente unos dedos gelidos atravesaron su pecho y sintio como si la muerte tomara su corazon y lo apretara queriendo explotarlo. Volteo inmediatamente y desenvaino la pequeña daga que llevaba en el cinturón y que no se quitaba ni siquiera para dormir. Tras el solo habia una negrura inexpugnable y camino hacia la puerta del castillo creyendo que si se apostaba en ese lugar ya no podrian acecharle sin que se diese cuenta. Creyese vencedor, y se rio de si mismo mientras se rezagaba junto al porton de la edificación, pero justo en ese instante otra sombra luminosa cruzo frente a sus ojos y un grito no pudo ser retenido. Los guardias reales se pusieron en marcha sin dudar medio segundo y poco después un cerco de lanzas y escudos daba proteccion al soberano aterrado por sus ilusiones sin fundamento. Le preguntaron como se hallaba, y el dijo que no estaba herido ni maldito, asi que podrian acompañarle hasta sus aposentos y dejarle ahí. La noche continuo su transcurso y el Rey temio una maldición mucho antes recitada y una nueva ala negra cubriendo su destino... Memorias de un expectador, doscientos años antes de la caida de Aden... Por Erider | |
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