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 Voldemorts - La Historia

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Lord Voldemorts
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MensajeTema: Voldemorts - La Historia   Lun Feb 01, 2010 4:37 am

Necromancia (del griego necrós, ‘cadáver’, y manteía, ‘adivinación’), una de las artes adivinatorias por la que se evoca a los muertos para obtener de ellos revelaciones sobre el futuro. También denominada nigromancia (alteración por el influjo del latín niger, ‘negro’, que proviene de ‘magia negra’), en un sentido más amplio se suele aplicar como sinónimo de magia encanto o conjuro.


Lord Voldemorts - El Necromano



Nota del autor: Los que ya conocen a Lord Voldemort de la saga de Harry Potter pueden darse una idea muy sencilla del rol del personaje que interpreto.

Lord Voldemorts es un mago oscuro, siniestro, lleno de rencor, nacido de madre bruja, de uno de los linajes más malvados que jamás existieron y de un padre humano, príncipe de las tierras altas.
Su madre era un horror, un espanto y un insulto a la vida misma, una bruja fea y fétida. Su padre por el contrario era un apuesto príncipe quien fue víctima de los diabólicos conjuros de engaño que lo sedujeron a enamorarse y posteriormente concebir un hijo.


[SIZE="1"]Madre de Lord Voldemorts[/SIZE]

Al momento de nacer, en ese entonces llamado Tom Malvoro Riddle, el bebe demostró poseer el encanto de su padre, sin la mas mínima marca genética de ser parte de la familia oscura a quien debía sus orígenes.

La historia es muy larga y hasta por momentos encantadora, pero en algún momento de ella y por causas desconocidas el joven príncipe sale del encantamiento que lo tenía dominado en cuerpo y alma y al descubar su engaño huye a su castillo y ordena matar a la bruja y a toda su prole. De esta carnicería que dejo a Tom huérfano en la vida, el bebe logra zafar de su destino al no poseer ni un solo indicio de malicia en su rostro ya que era a simple vista un bebe normal.

Con los años, llegada su niñez, el joven Tom descubre que tiene "diferencias" con los demás niños, cada vez que se enfada suceden cosas extrañas a su alrededor. Cosas malignas, donde todo aquel que lo rodee, lo lastime, o se burle de él, resulte lastimado.

Así fue, con los años, cuando Tom creció y maduro convirtiéndose en un joven adulto, habiendo ya pasado 2 décadas de su vida en soledad, recorriendo aldeas, pueblos y ciudades enteras, ganándose la confianza de los aldeanos seduciéndolos con su nata belleza, alimentándose de su comida, durmiendo en cuartos de invitados cada noche que lograba conmover a una familia contándoles la historia de su vida, su abandono, su niñez sin un padre y una madre a su lado.

Poco a poco el corazón de Tom se fue llenando de resentimiento, de odio, sintiéndose cada vez mas ajeno a todo, sentía envidia de la felicidad de las familias bien constituidas, donde había en cada una un padre y una madre, sintió miedo al quedarse solo sin nadie a quien hablar y seducir para obtener algo para su propia beneficencia. Aborreció la alegría de los niños porque él nunca la tuvo y su propia sonrisa era solo para convencer a los demás de una falsa alegría que él jamás sintió.
Y así continuo hasta el último de sus días en donde ya el aislamiento, el frio y el hambre consumieron su alma hasta no quedar nada de él, solamente una cosa... Su esencia.


La esencia de un linaje de magos oscuros, siniestros, donde la felicidad propia residía en hacer el mal a todos los que lo rodeaban, esto marco el fin de la infancia de Tom, cuando todo lo bueno se acaba y abrís los ojos a la vida y el velo de la ilusión de ser niño. Acaba.


Años sucedieron a mas años donde Tom se perdió en las penumbras de los bosques, en la humedad de las cavernas, odiaba la vida y se alejaba de ella, no piso nunca más una aldea, una ciudad o una tienda donde hubiera vida humana. Muchas veces se encontraba hablándose solo, a el mismo, otras veces escuchaba voces en la noche y ya no sentía miedo de ellas, porque eran su única compañía. Al poco tiempo ya ni siquiera soportaba la compañía de los animales a su alrededor, si pasaba la noche en una cueva, aniquilaba toda vida que pudiera alertar sus sentidos y se alimentaba con sus cadáveres.






Ya nada quedaba de Tom, hasta su nombre olvido con el tiempo, olvido la lengua humana y solo sabia escuchar los sonidos de la noche, el siseo de las víboras, las ninfas y las entidades que se arrastraban en la noche. Su piel se marchito, quedando pegada a sus huesos, perdió casi la totalidad de sus cabellos y su dientes y uñas crecieron desmesuradamente, era ya el vivo retrato de su madre, hasta su manera encorvada y harapienta de caminar se le parecía.


Llegado al límite de lo humano, el borde donde acaba la vida, en su debilidad mas frívola, habiendo soportado todo el dolor que poseer un cuerpo humano con necesidades físicas conlleva, Tom se volvió mas fuerte, espiritualmente, que cualquier ser vivo conocido.
Fue este despertar espiritual el que lo llevo a sentirse por primera vez en su vida "orgulloso", el hambre, el sueño, el dolor ya no eran nada, era insensible a todo a tal punto de no necesitar alimentarse nunca más.
Realmente se sintió poderoso y anhelo, más que nunca, vengarse de la vida misma...



Desidia emerger de las tinieblas que lo habían devorado y retroalimentado como un ser nuevo, dejando atrás todo su pasado, olvidándose y convenciéndose a el mismo de haber nacido en ese momento en ese mismo lugar, un rey de la destrucción merecía un nombre que todo aquel que lo pronuncie, sintiera un escalofrió en toda su columna vertebral, un susurro que helara el alma de cualquier ser vivo capaz de reproducir o escuchar su nombre.

Asi nació.

[SIZE="6"]Lord Voldemorts[/SIZE]

Voldemorts esta entre nosotros...

Durante algunos años Voldemorts se acercaba a los limites de algunos poblados y ciudades menores, esperando que algún visitante vagabundo despistado se sumergiera solo en algún rincón desolado, allí era devorado por la oscuridad y consumido por Voldemorts.
Pasaron muchas lunas llenas hasta que el hambre de Voldemorts lo forzó a tomar la decisión de meterse dentro de las ciudadelas y dejar de consumir almas de meros vagabundos harapientos que mendigaban en las puertas, el apetito le digno a animarse a mas a saborear las almas de aquellos más fuertes y adinerados, el ego es la bestia mas hambrienta por alimentar.





El primer obstáculo que tuvo que sortear, mas allá de su repugnancia por los lugares abarrotados de gente (una fobia que aun le cuesta aceptar), fue poder pasar desapercibido, ya que su apariencia andrajosa y harapienta no hacia más que generar miedo y asco en quienes lo podía llegar a divisar moviéndose furtivamente entre las sombras, por los rincones de las murallas de la ciudadela.
En principio se escondía en las sombras, camuflándose entre la oscuridad de algún rincón oscuro e inmóvil esperaba a que alguna presa se arrimara lo suficiente como para atraparlo y sin darle oportunidad de emitir un sonido, arrebatarle la vida.

El hambre cada vez se hacía más grande y le costaba cada vez mas conformarse con las pocas cacerías que hacía cada noche, ya había reforzado la guardia y la vigilancia en cada entrada apostada de las ciudades y se corría la voz de un acecino serial misterioso que dejaba los cadáveres secos como pasas de uvas. Las cosas se volvían mas difíciles día a día para Voldemorts y su apetito por consumir almas nunca mermaba, por el contrario cada noche le pedía más y más.

Las noches pasaron, el invierno fue muy duro porque la gente casi no se movía de sus casas por la noche y Voldemorts agonizo de hambre muchas noches, mirando a sus víctimas pasar en grupos de 3 o 4 personas apretadamente para mantenerse calientes, deseando que alguna se apartara del montón y se acercara al rincón oscuro donde él esperaba hambriento. Lo deseaba, le hablaba directamente a las mentes de sus víctimas: -"ven... acércate a mi... no sucede nada, ven a verme..." pero nada pasaba, por más veces que lo intento.

Voldemors noto, en su hambruna que su figura, su piel y su rasgos habían vuelto a empeorar y mucho con el ayuno, era tan delgado como un árbol marchito y su piel ya era hedionda y putrefacta, mientras consumía almas en las noches anteriores había notado una leve mejoría en su piel, en su figura y hasta habían asomado algunos finos cabellos castaños en su cabeza. Hoy estaba más demacrado que nunca.






El verano demoro lo que para Voldemorts fue toda su vida, pero se sintió vigorizado y aliviado al ver una vez más tanta gente llendo y viniendo por las calles a altas horas de la noche, era temporada de caza y no iba a desaprovechar la oportunidad de embriagarse hasta reventar de cuanto, soldado, mercader, guerrero, clérigo o mago cruzase en el alcance de su mirada. Volvieron las noches de masacre en los poblados cercanos a Giran, y el grito de muerte esta vez se extendió hasta el mismísimo reinado de Adén, donde el rumor de un mago siniestro de nombre desconocido se corría como el viento de boca en boca. Voldemorts empezó a sentirse orgulloso de su labor, no solo alimentaba su estomago y alma con los asesinatos que realizaba, sino también, su ego, incluso, casi sin notarlo ya había superado su fobia a la presencia humana, es más, lo alegraba ver gente llendo y viniendo de acá para allá en la noche, cada uno de ellos era una posible víctima, si se acercaba lo suficiente.


La Ciudadela de Giran


La muerte azoto finalmente la ciudad Giran, donde todos los peregrinos y viajeros comerciaban trayendo rumores de la muerte y el pánico que habían caído en los reinados de Gludio y Dion.

La ciudad aprendió a mantenerse alerta y despierta no solo durante el día, sino también por la noche, cientos de guardias apostados en cada entrada de la ciudad e incluso haciendo patrulla por las afueras y por el interior de la misma, buscando cualquier indicio de muerte, cualquier figura siniestra moviéndose entre las sombras. Noche tras noche, a pesar de la guardia, alguien desaparecía vivo, para aparecer muerto por la mañana del día siguiente.

"Si alguna vez existió un paraíso o algún jardín del Edén, estoy en el ahora mismo" - Pensaba por sus adentros Voldemorts, estaba embriagado de alegría al ver tanta gente en las noches, el clima era ideal y por vez primera Voldemorts descubrió que esta ciudad era el punto de encuentro de varias civilizaciones, que incluso el desconocía su existencia.


Había unos seres altos de orejas alargadas y restos pálidos con cabelleras rubias llamados Elfos Claros o en algunos casos, Elfos de la luz. Sus nombres eran muy difíciles de pronunciar para la lengua humana, pero sus rostros y sus figuras eran envidiablemente hermosas, su piel era casi impermeable al tacto y eran delgados y ligeros como un perfume. Voldemorts se sintió muchas veces seducido por la piel elfica, por su olor divino, el único defecto que les encontraba era que resultaban ser muy débiles y su vida se extinguía fácilmente entre sus manos, eran para él como esos bocadillos dulces que de niño le sabían regalar, que apenas un bocado te alcanzaba para terminarlo y te dejaba con mas apetito comerlo que no haberlo hecho.




También había otras razas además de los esbeltos elfos, una peculiar y simpática raza de gente pequeña llamados enanos, eran el centro del comercio, casi la gran mayoría de ellos eran los dueños de la mayoría de las tiendas que vendían o compraban cosas y los que no comerciaban se dedicaban concentradamente a crear cosas, no solo armas muy finas y hermosas, sino también armaduras y objetos muy extraños que Voldemorts en muchos casos no llegaba a comprender su función. Alguna vez oyo hablar sobre algo llamado "Alquimia" y creyó encontrar el significado al ver a esta pequeña gente, que se movía muy rápido y nerviosamente, como si el tiempo también tuviera un precio.
Esta raza era la más repudiada por Voldemorts, en primera instancia porque nunca se quedaban hasta tarde se retiraban a descansar con el ocaso y eran muy desconfiados y nunca se andaban solos por los pasillos desolados de la ciudad, igualmente, Voldemorts se pensó que no se perdía de nada, ya que todos ellos parecían viejos de la tercera edad y por el contrario, sus hembras eran eternamente jóvenes y parecían niñitas de menos de 10 años y algo dentro de Voldemorts le hacía respetar, por sobre todas las cosas, la vida de los niños, sentía que era el fruto prohibido del que nunca debería probar.
-Algún día serán adultos y no escaparan de mí. -pensaba por sus adentros para resistir la tentación de los niños que ocasionalmente jugaban hasta tarde por las callejuelas de Giran.





Había también otra raza incluso más repugnante que los desconfiados y barbudos enanos, unos entes de piel color verde muy siniestros, si bien eran la minoría, ya que se veían muy pocos de ellos por la ciudad, eran tratados con mucho temor y nerviosismo, su figura era en la mayoría de los casos musculosa y bien fornida y de rostros aterradores y rudos, eran guerreros natos que demostraban fiereza hasta en su más sincera mirada. Voldemorts los odiaba, porque si alguna vez había visto alguna criatura viva más arrogante que el mismo, eran estas mismas, Orcos, así los llamaban y todo el mundo le temía, incluso dentro de la mismísima ciudad, siendo que para ingresar a ella tenias que firmar con sangre un tratado para mantener la paz dentro de ella.






Pero más allá de los deliciosos elfos blancos, de los avariciosos y ocupados enanos y los temidos orcos, había una raza hasta ahora no nombrada que cautivo a Voldemorts desde su piel hasta cada una de sus células, era una variante oscura y siniestra de los elfos pálidos, muchos los nombraban como "Elfos marrones", otros como "Elfos oscuros".
A diferencia de sus primos rubios, los elfos oscuros tenían una mirada mas soberbia, eran a simple vista mucho más inteligentes y diestros y sus hembras eran infernalmente seductoras, cada milímetro de su cuerpo rebosaba de lujuria y dejaban a todo ente masculino atontado mirándolas moverse entre la gente. Estas elfas nunca conocieron la vergüenza, usaban lo más mínimo posible de ropaje, como si les molestara llevar vestimenta, y sus dotes femeninos eran algo nunca visto. estas últimas eran la presa más deseada por Voldemorts, cuando lograba atrapar alguna, se tomaba el atrevimiento de quitarle la vida lentamente, disfrutándola segundo a segundo, sintiendo que la vida de ellas se escapaba fina y lentamente como arena entre sus dedos.






Nagini La Mortifaga



[SIZE="1"](Mortifago de la raíz latina "mort", "mortis" cuyo significado es "muerte", y "fagos" que significa comer)[/SIZE]

Amanecía en la ciudad de Giran, los pájaros anunciaban la inmediata salida del sol, muchos enanos ya se movían rápida y frenéticamente para empezar bien temprano con sus tiendas, y en una carreta celda con barrotes de hierro pulido y pintado de negro brillante una elfa oscura maldecía al nuevo amanecer.
Odiaba cada día de su vida, odiaba cada suspiro de su vida, odiaba no ser dueña de su propia vida y no poder morir si ella así lo deseara.
Su nombre era Nagini y era una elfa oscura prisionera de un mercader de Giran.

Cada mañana con el alba era sacada afuera al patio principal en la carreta donde estaba encerrada y era ofertada una y otra vez a todos los viajeros que pasaban por allí, su dueño, quien la vendía, le mantenía la boca amordazada, pues, aunque fuera casi muda y no pudiera producir sonidos con su voz más que siseos y susurros, era cotizada en un precio muy elevado por sus habilites mágicas. Podía envenenar la mente de quienes estuvieran cerca de ella solo con sisearles al oído de quienes, atraídos por su belleza, se arrimaran a contemplarla.


Voldemorts ya había vuelto a caminar a la luz del día, sabia permanecer despierto unas pocas horas después del amanecer antes de retirarse de la ciudad para descansar el resto del día, la luz del sol ya no le molestaba tanto, las almas que había consumido de sus víctimas, una a una le habían devuelto a su cuerpo la vitalidad perdida con los años de encierro y aislamiento, su figura era nuevamente humana, su piel se mantenía pálida, blanca, casi grisácea, su cabello era nuevamente largo y abundante y de un color castaño oscuro. Igualmente durante el día, voldemorts prefería mantenerse semiculto, usaba una túnica grisácea andrajosa y rota cubriendo su rostro con una capucha y aunque fuera un joven de no más de 30 años, aun caminaba encorvado.

Esa mañana Voldemorts recorría cada puesto, escuchando con mucha curiosidad a los vendedores y clientes, tratando de percibir algún rumor acerca de los asesinatos que venía cometiendo, con esto, ayudaba a prevenirse contra ataques sorpresivos por parte de la guardia de la ciudad y de paso le servía de bocadillo matutino para alimentar su propio ego al sentirse tan popular entre la gente.

Muchos rumores culpaban de los asesinatos a los Orcos, pensando que se aproximaba una rebelión, otros hablaban sobre una extraña criatura del mas allá que consumía la vida de sus victimas vaporizándolos al punto de dejarlos piel y hueso. Pocos, muy pocos, sabían la verdad, que todo esto era causa de un mago siniestro y como nadie conocía su nombre, lo llamaban "El Innombrable".


Entonces la vio, a pocos metros en la plaza central, la elfa lo miraba fijamente, esconderse debajo de su capucha parecía inútil porque los ojos de la elfa lo penetraban todo y sin escuchar ningún sonido, ni ninguna palabra en ningún lenguaje ni verbal ni simbólico, Voldemorts supo con toda certeza que ella sabía que él era el culpable de cada asesinato.



- Tu eres quien tiene el don de quitar la vida... Escucho Voldemorts en el interior de su mente. Miro hacia todos lados deseando haberlo escuchado de alguna boca cercana, pero no había nadie cerca de él, miro nuevamente a la elfa y sus ojos claros seguían fijos en el.
- Tu llevas en tu cuerpo las almas de aquellos que han muerto. Eres señor de la muerte... - Esta vez no lo dudo, era aquella elfa esclava quien hablaba directamente a su mente.

Voldemorts hizo un esfuerzo sobrehumano por cerrar su mente, por hacer caso omiso a esa voz, a esa presencia dentro de su mente, pero por más que intento no pudo, le llego la suplica: - Por Favor, tú que quitas la vida con tanta facilidad sin ser descubierto, tómame, quítame la vida!


Era la primera vez en su vida que alguien le pedía morir voluntariamente, todas y cada una de sus anteriores víctimas habían luchado contra la muerte a manos de el hasta su último suspiro. Y justamente el mayor éxtasis que Voldemorts experimentaba era en el mismísimo segundo en que la vida abandonaba el cuerpo de sus víctimas. "Beber hasta la última gota", así lo denominaba.


Se alejo de la elfa en sentido contrario, haciendo caso omiso a sus suplicas que revolotearon en su cabeza hasta que estuvo a varios metros de donde la había visto. Se sintió aliviado de no escuchar más esa voz susurrada y seseante en su cabeza.


Cayo la noche y Voldemorts despertó a pocas horas después de la medianoche, no había podido descansar muy bien, no podía dejar de pensar en aquella elfa esclava y en cómo había logrado penetrar en su mente y hablarle directamente sin necesidad de palabras, pensó, que si él pudiera tener esa habilidad, podría seducir a sus víctimas y atraerlas hacia él.
Miles de pensamientos e ideas daban vueltas en la mente del mago, todas y cada una de ellas, por mas distinta que fuera lo llevaban al mismo desenlace, quería secuestrar a la elfa.



El candado callo roto con muy poco esfuerzo gracias a la magia eficaz y silenciosa de Voldemorts, incluso cuando la elfa logro abrir sus ojos claros ya era demasiado tarde y se encontraba paralizada, no podía moverse, ni parpadear, ni siquiera respirar. Entonces escucho la voz, calmada y a su vez tenebrosa, casi inhumana del mago que había cometido tantos asesinatos.
- Tienes muy pocos minutos de vida a partir de este momento, y se, que eso es lo que más deseas, morir. Pero dime, ya que puedes hablarme sin necesidad de palabras, porque debería conceder tu deseo.
Sabes... no hay nada después de la muerte causada por mi magia, tu alma no va al cielo ni al infierno, queda confiscada en el interior de mi propia alma y pasas a ser alimento para ella.
Aun así... deseas morir? -Finalizo Voldemorts con una sonrisa siniestra en sus labios.


-Si, la deseo. Confirmo la elfa hablándole directamente a su mente con total firmeza y seguridad.


- Que así sea. - pronuncio Voldemorts y en una serie de palabras mágicas en un idioma arcano, repitió una y otra vez oraciones que desgarraban el aire como susurros en la noche.
Un desfile de esferas de color rojo se desprendía de la elfa que apretaba su boca para no soltar ningún grito de dolor y volaban por el aire hasta adentrarse dentro del cuerpo del mago absorbiendo en cada una de ellas a borbotones la escaza vida de la victima voluntaria.
En pocos segundos Nagini dejo de escuchar la voz del mago que no paraba de cantar su augurio de maldiciones, la vista se le nublo y empezó a sentirse mareada, sin sentido y todo le daba vueltas, pese a todo este malestar sumado al dolor que le causaba cada emanación de vida que le era arrancado, ella estaba feliz, porque su miserable vida como esclava, había terminado.

Nagini La Mortifaga - Part2

Abrí los ojos y aun era de noche, pero el aire estaba tan fresco y puro que seguro faltaban pocos minutos para el alba. Mi cabeza giraba en espirales lentas y pronunciadas, mi cuerpo no respondía y por más esfuerzo que hiciera no podía concentrarme lo suficiente como para mover ninguna extremidad.
El suelo estaba duro, frio, sentía como una pequeña piedra se me clavaba en alguna parte de mis piernas y aborrecía el hecho de no poder quitarla de ese lugar. Pero había una cosa que aborrecía más que todo este malestar, dolor e incomodidad, aborrecía, seguir con vida.
La noche me otorga un poder propio de mi clase, mi vista se agudiza diez veces más que durante el día "shadow sense" llamaban los antiguos a este don. A pesar de ello estaba tan mareada que no podía distinguir más que sombras en la noche, y al parecer mi cuerpo escaso en vida había sido arrojado en algún tipo de sótano oscuro y húmedo.


Podía escuchar las voces de los mercaderes y los sonidos de que las tiendas se estaban armando, eso solo me daba la noción de que no había salido de Giran, igualmente, sea donde sea que me encuentre, ya no me importaba, el señor de la muerte había fallado en su prometido de acabar con mi vida, y peor todavía, me había dejado peor de lo que jamás estuve, al borde de la muerte, pero sin posibilidad de llegar a morir completamente.






Una puerta se abrió rechinantemente y sentí esa presencia fétida de muerte corriendo como un escalofrió por mi espalda, no podía darme vuelta para confirmar que era él, pero sabía que él estaba ahí, detrás mío, observándome.
Permanecí en silencio, sin siquiera respirar, no sabía qué hacer o si el sabia que aun estaba viva. Fue él quien hablo rompiendo el frio silencio.

-"Como te llamas elfa oscura, respóndeme." - Su voz era fría y lenta, aterciopelada como si disfrutara pronunciar cada letra que formaba una palabra.

-"Nagini es mi nombre" - le respondí sin usar palabras, hablándole directamente a su mente.

-"Nagini..."-hizo una pausa. Sentía sus pasos cerca de mí, caminaba lentamente cerca mío, como estudiándome inquietamente. -"Deberás odiarme con las pocas fuerzas que te quedan ya que no cumplí con tu pedido, en tu último aliento de vida, decidí no arrebatártela."

-"Porque?!!"- Le grite con todas mis fuerzas a su mente.

La respuesta demoro bastante en llegar, como si disfrutara del suspenso y le gustara alterar mis nervios.

-"Porque no me causa placer quitar una vida que es entregada voluntariamente, y no soy en ninguna forma y sentido alguien caritativo para andar escuchando las plegarias de los esclavos y acabar con sus tortuosas vidas solo porque ellos me lo pidan" - respondió calmadamente mientras continuaba caminando en pausados círculos alrededor de mi cuerpo abatido.


Los ojos de la elfa se clavaron con odio en los del mago oscuro, y lo odio con todo su ser en silencio por un largo rato, ni ella ni el dijeron mas nada, hasta que el volvió a romper el silencio una vez más.


-"Porque deseabas morir?, no aprecias la vida como todo ser vivo que lucha hasta el ultimo halito para no dejarse caer en las frías manos de la muerte." - La mirada de la elfa se calmo y ya no le punzaba en la cara.


-"Quien podría desear permanecer con vida, luego de ser desterrada de sus tierras viendo a tu familia darte la espalda. Caminando errante por noches y días eternos para ser encontrada agonizante, casi sin vida, por un mercader que solidariamente me encerró en una jaula y me mantuvo cautiva durante décadas ofreciéndome ciudad por ciudad, poblado por poblado, para satisfacer las necesidades carnales de sus clientes, e incluso algunas noches con su compañía generosa." -termino Nagini.


-"He oído que los elfos oscuros guardan un odio muy antiguo y profundo hacia los humanos, y que se ven obligados por el tratado de paz a no tocar o hechizar a ningún humano mientras permanezcan en la ciudadela. Porque los de tu raza no buscaron la forma de liberarte?." - cuestiono lentamente el mago con una mirada perspicaz e intimidad ora, como queriendo detectar si la elfa intentara mentirle o engañarlo con sus palabras.


-"Nadie va a socorrer a una elfa oscura que traiciono a los de su propia raza. Aceciné a muchos de los míos."


-Porque??! - Reclamo Voldemorts.


- Por amor, me enamore de un humano, y eso no estaba permitido. Lo protegí con mi magia todo lo que pude, pero fue en vano, lo mataron y no tuve mas motivación de vida más que vivir de la venganza.






Voldemorts cada vez se sentía más y más atraído por la historia del pasado de Nagini, lo absorbía y cada vez tenía más y más preguntas, pero no quería demostrar demasiado interés por la elfa.


-"Entonces... tu también dominas las artes oscuras y puedes arrebatar la vida con tu voz?" - consulto Voldemorts.


-"No. No puedo matar a nadie con mi magia, por el contrario, mi magia se limita a explotar al máximo los poderes oscuros de magos y guerreros, soy un oráculo."

- Entonces como... - Voldemorts fue interrumpido por la elfa, fue en este instante que se dio cuenta que sus pensamientos no eran privados, la elfa podía corromper su mente y leerlos antes que él los manifestara atreves de su voz.

-"No solo incremento con mi magia los poderes oscuros de la gente, sino que también puedo debilitarlos, envenenar su cuerpo y su alma, hacerlos sentir ira, pánico, dolor y sumergirlos en una profunda depresión."


Voldemorts sonrió levemente, había encontrado en Nagini algo que lo seducía, y no eran sus curvas abundantes y generosas.


- Vive Nagini. - Grito triunfante Voldemorts. - Vive a partir de este momento y echa al olvido todo tu pasado. - Voldemorts arranco de un tirón el sucio y viejo lastre que mantenía a Nagini amordazada dejando su boca libre y Nagini pego una bocanada de aire frio llenando sus pulmones como hacía mucho tiempo no hacía.

- Eres libre de ir y de hacer lo que quieras, pero por las noches regresa a mí. Te demostraré que aun vale la pena vivir y mantenerse con vida y serás dueña de tomar la vida de quien desees y alimentar tu alma con el alma de quienes desees. Podrás vengarte de todos y cada uno de los que te hicieron daño. - un aura color azul oscuro rodeo a Voldemorts, un símbolo arcano enorme se dibujo a sus pies. El aura azul se extinguió de él y paso a rodear al cuerpo casi sin vida de Nagini que yacía en el solo inmóvil, Voldemorts se debilito y se arrodillo en el suelo, jadeando.






Nagini se incorporo en silencio, lentamente, vio al mago arrodillado a sus pies luchando por mantenerse consiente. Una voz suave, infernalmente seductora salió de la boca de Nagini: - "Como te llamas señor de la muerte?"

-"Lo... Lord Voldemorts" - respondió con dificultad. "Vete!, de... déjame solo." Escupió el mago con nerviosismo, sentía que la sangre de su cuerpo ardía como si fuera cada gota un veneno letal.

De repente el dolor ceso, y solo sintió debilidad y silencio. Estaba solo de rodillas, débil como hacía mucho tiempo no lo había estado. Nagini ya se había ido.

A partir de este día Voldemorts nunca mas estuvo solo, había encontrado una acolita, una seguidora capas de incrementar sus poderes al máximo, él la llamo, "Mortifaga".


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MensajeTema: Re: Voldemorts - La Historia   Dom Feb 07, 2010 10:18 pm

Sin duda, sos el mejor rolero que conosco.. Muy pero muuy buena Volde!! Si algun dia me levanto inspirado (?) me hago una, no tan larga pero algo me va a salir. xD

Muy Buena
Wink

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